Sally, el coche autónomo y la singularidad

En estos días de descanso he vuelto a leer a Asimov con la intención de desconectar y hacer un “soft reset”, algo que suele resultar muy útil hacer con cierta frecuencia. El caso es que el efecto ha sido todo lo contrario y creo que es culpa de mi inconsciente, ya que el libro que elegí es de la Saga de los Robots, El Robot Completo, un tema que no puede estar más de actualidad. Y aquí estoy, escribiendo sobre ello en lugar de… (la lista de pendientes es muy larga).

Y fue nada más empezar, en el segundo cuento, Sally, en la página 14 cuando llega la primera sorpresa, un cuento sobre “coches autónomos”. No lo recordaba de la primera lectura, y me llamó la atención varias cosas.

Lo primero, la previsión o el acierto de Asimov en las fechas en que estaría disponible la tecnología para hacer posible los coches autónomos. Si bien la acción del cuento se desarrolla en 2057, menciona que uno de los primeros coches con motor positrónico, una tecnología que Asimov utiliza en muchos de sus libros y que es una combinación de energía nuclear e inteligencia artificial, es de 2015. Hay que tener en cuenta que el cuento fue escrito en 1953. Un pleno absoluto.

Segundo, una increíble visión de los beneficios y ventajas que traerían los coches autónomos, en el cuento los denomina automáticos. Una drástica reducción de las muertes en carretera debido a las reacciones más rápidas ante obstáculos, personas y otros vehículos, el análisis de la carretera o la posibilidad de memorizar las rutas de viaje. También anticipaba el caso de que el coche no necesitará de un humano para realizar ciertos trayectos o la capacidad de autorepararse, esta opción resulta muy interesante y por el momento ningún fabricante en la actualidad la ha tenido en cuenta. Otra cosa que Asimov menciona y parece inevitable es la prohibición en algún momento, cuando esta tecnología sea masiva, de la conducción de coches por humanos. Algunos autores y publicaciones como Wired vaticinan que será en torno al 2030.

Sin embargo lo más inquietante llega hacía el final de la historia. Cuando los coches se encuentran ante una situación, digamos extrema, y toman una serie de decisiones y acciones por su cuenta para rescatar a su “cuidador” humano. Como resultado de esta acción los coches cobran conciencia de sí mismos como “individuos” y como “grupo” ya que se dan cuenta que son capaces de comunicarse entre ellos. Desde ese momento la relación entre los coches autónomos y el cuidador humano cambia completamente.

Este es uno de los grandes temores sobre el desarrollo de la inteligencia artificial y es conocido por el término “Singularidad“. Utilizado por primera vez por el matemático y físico húngaro John von Neumann en 1958, cinco años después de la publicación del cuento en cuestión. La Singularidad implica que una inteligencia artificial general tomara conciencia de sí misma y comenzará a rediseñarse de forma recursiva hasta crear una inteligencia muy superior al control y la capacidad intelectual humana. Autores y futurólogos como Vernor Vinge y Ray Kurzweil predicen que la singularidad ocurrirá entre 2040 y 2045 si se mantiene el desarrollo exponencial actual de la tecnología.

Como muchos dicen, el futuro ya está aquí, y no se equivocan. Vivimos en un momento excepcional de la historia de la humanidad en el que se producirán cambios que transformarán completamente nuestra sociedad y forma de vida. Todos estos cambios vienen de la tecnología que estamos creando en estos momentos y la pregunta es ¿Seremos capaces de controlar esta tecnología o nos controlará a nosotros?

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