La web cumple 30 años y Tim Berners-Lee su creador reflexiona sobre el futuro #ForTheWeb

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24 octubre, 2018

Hoy, 30 años después de aquel documento en el que proponía un sistema para la administración de información que hoy conocemos como la web, la mitad del mundo está en línea. Es momento de celebrar lo mucho que hemos avanzado, pero también representa una oportunidad para reflexionar sobre lo mucho que aún queda por hacer.

La web se ha convertido en una plaza pública, una biblioteca, un consultorio médico, una tienda, una escuela, un estudio de diseño, una oficina, un cine, un banco y mucho más. Por supuesto, con cada nueva función, cada nuevo sitio web, aumenta la brecha entre aquellos que están conectados y aquellos que no lo están, por lo que resulta imprescindible hacer que la web esté disponible para todo el mundo.

Y aunque la web ha creado oportunidades, ha dado voz a grupos marginados y ha hecho más fácil nuestra vida cotidiana, también ha creado oportunidades para estafadores, ha dado voz a aquellos que propagan el odio y ha facilitado la comisión de todo tipo de delitos.

En tiempos en que artículos sobre el uso indebido de la web dominan el ciclo noticioso, es comprensible que a muchas personas la web les genere temor, y no tengan la certeza de que realmente sea una fuerza positiva. Pero, en vista de lo mucho que ha cambiado la web en los últimos 30 años, sería derrotista y poco imaginativo suponer que la web tal como la conocemos no puede mejorar en los próximos 30 años. Si renunciamos a mejorarla ahora, no será la web la que nos habrá fallado. Seremos nosotros los que le habremos fallado a la web.

Para afrontar cualquier problema, debemos explicarlo y comprenderlo claramente. En términos generales, considero que la web actual se ve afectada por tres fuentes de disfuncionalidad:

  1. Intentos maliciosos y deliberados, como la piratería, los ataques informáticos patrocinados por un estado, las conductas delictivas y el acoso en línea.
  2. Sistemas que por diseño crean incentivos perversos y sacrifican los intereses del usuario, como los modelos de negocio basados en la publicidad que recompensan comercialmente el clickbait y la viralización de información falsa.
  3. Diseños benevolentes que, sin embargo, y de manera involuntaria, generan consecuencias negativas, como el tono y la calidad atroz y polarizada del discurso en línea actual.

Si bien es imposible erradicar por completo los males de la primera categoría, podemos elaborar leyes y código para minimizar este comportamiento, tal como siempre lo hemos hecho fuera de línea. La segunda categoría nos exige rediseñar los sistemas de manera que cambien los incentivos. Y la última categoría requiere más investigación para comprender los sistemas existentes y modelar posibles nuevos sistemas o modificar los que ya tenemos.

No podemos limitarnos a culpar a un gobierno, una red social o al espíritu humano. Las narrativas simplistas generan el riesgo de que se agote nuestra energía mientras perseguimos los síntomas de estos problemas en lugar de concentrarnos en sus raíces. Para hacerlo bien, necesitamos unirnos como comunidad global.

En momentos cruciales, las generaciones que nos han precedido han dado un paso adelante para trabajar juntas por un futuro mejor. Con la Declaración Universal de los Derechos Humanos, diversos grupos de personas han sido capaces de ponerse de acuerdo sobre los principios básicos. Con el Tratado sobre el espacio exterior y la Convención sobre el Derecho del Mar, hemos conservado nuevas fronteras para el bien común. Ahora, a medida que la web transforma nuestro mundo, también tenemos la responsabilidad de asegurarnos de que se reconozca como un derecho humano y se desarrolle para el bien común. Por esta razón, la Web Foundation está trabajando con los gobiernos, empresas y ciudadanos para elaborar un nuevo contrato para la web.

Este Contrato se lanzó en la Web Summit que se llevó a cabo en Lisboa, donde se reunió un grupo de personas que están de acuerdo en que se necesita establecer normas, leyes y estándares claros que sustenten la web. Aquellos que ya se suscribieron avalan sus principios básicos y están desarrollando juntos los compromisos específicos de cada área. Ningún grupo debería hacer avanzar de manera unilateral, por lo que se agradece cualquier contribución. Contamos con la colaboración de gobiernos, empresas y ciudadanos, y esperamos tener el resultado a finales de este año.

Los gobiernos deben adaptar las leyes y reglamentos para la era digital. Deben garantizar que los mercados sigan siendo competitivos, innovadores y abiertos. Además, tienen la responsabilidad de proteger los derechos y las libertades de las personas en línea. Necesitamos contar con defensores de la web abierta en los gobiernos, empleados públicos y funcionarios electos que intervengan cuando los intereses del sector privado amenacen el bien común, y que se alcen para proteger la web abierta.

Las empresas deben hacer más para garantizar que su búsqueda de beneficios a corto plazo no sea a costa de los derechos humanos, la democracia, los hechos científicos o la seguridad pública. Tanto las plataformas como los productos deben ser diseñados teniendo en cuenta la privacidad, la diversidad y la seguridad. Este año, hemos visto que varios empleados de empresas tecnológicas se han alzado para exigir mejores prácticas comerciales. Necesitamos alentar ese espíritu.

Y lo más importante de todo, los ciudadanos deben hacer rendir cuentas a las empresas y a los gobiernos por los compromisos asumidos, y exigir que respeten la web como una comunidad global que tiene a los ciudadanos por centro. Si no elegimos políticos que defiendan a la web como un espacio libre y abierto, si no hacemos nuestro aporte para alentar conversaciones constructivas y saludables en línea, si seguimos haciendo click en Aceptar sin exigir que se respeten nuestros derechos sobre nuestros datos, eludimos nuestra responsabilidad de poner estos temas en entre las prioridades de nuestros gobiernos.

La lucha por la web es una de las causas más importantes de nuestra era. Actualmente, la mitad del mundo está en línea. Es más urgente que nunca asegurarnos de que la otra mitad no se quede afuera, y de que todos contribuyan para tener una web que impulse la igualdad, las oportunidades y la creatividad.

El Contrato para la Web no debe ser una lista de soluciones rápidas, sino un proceso que señale un cambio en cómo concebimos nuestra relación con nuestra comunidad en línea. Debe ser lo suficientemente claro para actuar como una guía para el futuro, pero también lo suficientemente flexible para adaptarse al ritmo acelerado de los cambios en la tecnología. Representa nuestro recorrido desde la adolescencia digital a un futuro más maduro, responsable e inclusivo.

La web es para todos y colectivamente tenemos el poder para cambiarla. No será fácil. Pero si soñamos un poco y trabajamos mucho, podemos obtener la web que deseamos.

Sir Tim

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