España refuerza seguridad y autonomía estratégica ante un escenario internacional más fragmentado en 2026
España afronta 2026 con un entorno internacional menos predecible que el que marcó el inicio de la década. El deterioro del vínculo transatlántico, la prolongación de la guerra en Ucrania y la rivalidad sistémica entre Estados Unidos y China han reducido los márgenes de maniobra de las potencias medias europeas, obligadas a redefinir prioridades, capacidades y alianzas. En ese escenario se inscribe la 14ª edición del informe anual España en el mundo en 2026 , elaborado por el Real Instituto Elcano, que sitúa la seguridad y la autonomía estratégica en el centro del debate sobre la acción exterior española.
El documento, que coincide con el 25º aniversario del Instituto, no se limita a una lectura coyuntural. Incorpora un balance de la posición internacional de España desde 2001 y una reflexión prospectiva hasta 2050, un ejercicio poco habitual en informes de este tipo y revelador de una preocupación de fondo: cómo sostener influencia y capacidad de decisión en un sistema internacional más fragmentado y menos cooperativo.
Una política exterior bajo presión interna y externa
La política exterior española entra en 2026 condicionada por factores externos adversos y por una dinámica interna marcada por la polarización política y la fragilidad parlamentaria. Esa combinación introduce incertidumbre sobre la continuidad de algunas prioridades estratégicas, aunque los principales indicadores de percepción internacional apuntan a una imagen exterior relativamente estable.
Persisten, sin embargo, debilidades estructurales. La percepción empresarial y la posición de España en los indicadores de innovación siguen siendo inferiores a su peso económico real. Esta brecha adquiere mayor relevancia en un contexto en el que la proyección exterior ya no se mide solo en términos diplomáticos, sino también por la capacidad de atraer inversión tecnológica, participar en cadenas de valor críticas y proteger activos estratégicos.
En paralelo, el informe subraya la intención de España de reforzar una diplomacia con mayor identidad propia, alineada con el objetivo de fortalecer el papel de la Unión Europea como actor global. No es un matiz menor en el año en que se cumplen cuatro décadas de la adhesión española al proyecto europeo, en un momento en el que la cohesión interna de la UE muestra signos de desgaste.
Seguridad y defensa: del entorno estable a la disuasión
La seguridad emerge como el eje transversal del análisis. La guerra en Ucrania, lejos de cerrarse, sigue condicionando el equilibrio europeo, mientras Rusia mantiene una combinación de amenazas convencionales e híbridas que tensionan el flanco oriental. Para España, esto se traduce en la necesidad de reforzar su capacidad de disuasión autónoma sin desvincularse de los marcos colectivos de defensa.
El informe apunta a un doble movimiento. Por un lado, aumentar la contribución española a las capacidades comunes de la OTAN y de la UE. Por otro, explorar partenariados estratégicos más allá del entorno inmediato, incluyendo aliados europeos y actores del Asia-Pacífico, como vía para reducir la exposición a un sistema internacional más volátil.
En el ámbito de la seguridad interior, el diagnóstico es menos ambiguo. El yihadismo global continúa siendo la principal amenaza terrorista, con África como epicentro de actividad. A ello se suma la emergencia de la extrema derecha violenta como factor de riesgo para la cohesión social, un fenómeno que, aunque menos visible que otras amenazas, adquiere relevancia en un contexto de polarización política sostenida.
Economía, tecnología y una brecha persistente
Desde el punto de vista económico, 2026 se perfila como un año de crecimiento moderado a escala global, en torno al 3%, con una clara divergencia entre economías avanzadas y emergentes. Estados Unidos mantendría un ritmo cercano al 2%, impulsado por la inversión en infraestructuras digitales y el gasto público, mientras Europa quedaría rezagada, con crecimientos inferiores al 1% en sus principales economías.
España destaca como una excepción relativa, con un crecimiento superior al 2%, apoyado en la demanda interna, la inmigración y los fondos europeos. Sin embargo, el informe advierte de que esta fortaleza coyuntural no corrige la brecha estructural con Estados Unidos en productividad, tecnología e innovación. Pese a los esfuerzos de la UE por reforzar su competitividad y su seguridad económica, el distanciamiento con China y la fragmentación de los mercados añaden complejidad a la estrategia europea.
La inversión en inteligencia artificial, automatización y electrificación seguirá siendo un motor de crecimiento, aunque el texto alerta sobre la fragilidad de los mercados financieros ante cambios bruscos de expectativas, un riesgo latente en un entorno de elevada incertidumbre geopolítica.
Energía y clima: una ventana que no garantiza estabilidad
En el ámbito energético, 2026 aparece como un año relativamente favorable, con precios moderados y una oferta abundante de combustibles fósiles, pese a los equilibrios inestables en Oriente Medio y Venezuela. La creciente competitividad de las energías renovables abre oportunidades para avanzar en la agenda climática europea y española.
No obstante, el informe introduce una cautela relevante. El debilitamiento del compromiso multilateral en materia climática limita la capacidad de coordinación internacional y aumenta el peso de las decisiones nacionales y regionales. Para España, esto implica acelerar proyectos estratégicos sin depender de un consenso global cada vez más frágil.
Globalización fragmentada y diplomacia de puente
El texto confirma una tendencia que se consolida: la fragmentación de la globalización y el refuerzo de dinámicas regionales. La caída de la Ayuda Oficial al Desarrollo contrasta con el aumento de la cooperación española, que busca posicionarse como puente entre Europa, el espacio atlántico, el Mediterráneo y América Latina.
Ese papel intermedio, tradicional en la diplomacia española, adquiere nueva relevancia en un sistema multilateral en crisis, aunque también exige mayor coherencia interna y capacidad de ejecución para no quedar diluido entre bloques más asertivos.
Entre Washington, Pekín y un Indo-Pacífico más relevante
Las relaciones entre Estados Unidos y China seguirán marcando el marco estratégico global. El informe anticipa una posible tregua en la confrontación directa, condicionada por factores internos en ambos países y por la evolución del conflicto en Ucrania. Aun así, la percepción de una menor fiabilidad estadounidense impulsa a europeos y asiáticos a reforzar capacidades propias y diversificar alianzas.
Para España, 2026 apunta a una consolidación de la relación bilateral con Washington, en un año simbólico por el 250 aniversario de la independencia estadounidense, y a un refuerzo de los vínculos con China. En paralelo, la UE y España intensificarán su presencia en el Indo-Pacífico, acercándose a socios como la ASEAN, Corea del Sur, India y Japón, un movimiento que refleja la ampliación del foco estratégico europeo.
Europa, vecindad y América Latina: espacios de fricción
Tras las elecciones europeas de 2025, la UE entra en 2026 con un consenso europeísta más débil y un mayor peso de gobiernos conservadores y euroescépticos. La negociación del nuevo Marco Financiero Plurianual y el apoyo continuado a Ucrania se desarrollan en un contexto de liderazgo francoalemán erosionado y de desplazamiento del eje europeo hacia el este.
En la vecindad, la guerra en Ucrania sigue siendo el principal foco de tensión, mientras Oriente Medio, el norte de África y los Balcanes añaden capas de inestabilidad. África, región prioritaria para España, combina mayor asertividad internacional con deterioro democrático y conflictos persistentes.
En América Latina, el mayor activismo de Washington y la consolidación de China como actor económico reducen el margen de maniobra europeo. España afronta este escenario con dos hitos relevantes: la Cumbre Iberoamericana de Madrid y la ratificación del Acuerdo UE-Mercosur, ambos con potencial estratégico, aunque condicionados por equilibrios políticos complejos.
Democracia y derechos en un entorno erosionado
El informe cierra con una advertencia transversal. La democracia liberal atraviesa un deterioro estructural, agravado por la polarización, la desinformación y la presión de potencias autoritarias. España se mantiene como una democracia sólida, aunque con signos de desgaste, y refuerza su compromiso multilateral en derechos humanos y género, ámbitos en los que los avances siguen siendo limitados.
En materia migratoria, 2026 aparece como un año clave para definir un modelo más sostenible, en un entorno europeo marcado por tensiones políticas y divergencias de enfoque. El desafío no es menor y queda abierto.
