China como “estado de ingenieros”: la clave de su velocidad frente al resto del mundo
El libro Breakneck: China’s Quest to Engineer the Future de Dan Wang plantea un marco analítico provocador que ayuda a entender las diferencias estructurales entre China y Estados Unidos.
Su idea central, China como estado de ingenieros frente a una América convertida en sociedad de abogados, ofrece una lente original para analizar no solo la competencia entre superpotencias, sino también los dilemas que afrontan Europa y España en su desarrollo tecnológico e industrial.
Un marco analítico: ingenieros contra abogados
Wang sostiene que China actúa como un estado de ingenieros: sus dirigentes, muchos formados en disciplinas técnicas, abordan los problemas con la lógica de la construcción y la ejecución. De ahí surge la capacidad de levantar líneas de metro en cuestión de años o de desplegar la red de trenes de alta velocidad más extensa del mundo.
En contraste, Estados Unidos se asemeja a una sociedad de abogados, donde predominan procesos legales, vetos y litigios que ralentizan la acción. La construcción de una línea ferroviaria en California, que lleva décadas paralizada, ilustra bien esta dinámica.
Este contraste no es solo académico: explica por qué China ha ganado terreno en manufactura avanzada e infraestructuras, mientras EE. UU. parece atrapado en un ciclo de bloqueo regulatorio y político.
Observación en primera persona y análisis profundo
El libro no se limita a la teoría. Wang, que vivió casi una década en China, combina narrativa personal (viajes en bicicleta por provincias, visitas a fábricas, observación urbana) con análisis político y económico. Esta doble mirada convierte la obra en una mezcla de crónica de campo y reflexión estructural sobre el ascenso de China.
Además, recopila siete de sus célebres cartas anuales, ampliamente seguidas en el mundo empresarial y tecnológico, lo que refuerza el rigor de su perspectiva.
El poder de la construcción… y sus costes humanos
Uno de los elementos más llamativos de Breakneck es la descripción de la capacidad constructiva china: ciudades enteras planificadas en pocos años, puentes colosales, parques industriales levantados en tiempo récord.
Pero esa velocidad tiene un precio. Wang recuerda que estos logros técnicos fueron acompañados por altos costes sociales y humanos: la política del hijo único y sus métodos coercitivos, la vigilancia digital masiva, la represión política o los confinamientos extremos de la pandemia. En su lectura, la ingeniería aplicada a la sociedad conduce a excesos autoritarios.
Una advertencia para Estados Unidos (y el mundo)
Más allá de la comparación, Wang lanza una advertencia: Estados Unidos necesita recuperar una mentalidad de ingeniería si quiere mantener su liderazgo global. No se trata de copiar a China, sino de volver a apostar por grandes proyectos industriales, infraestructuras y manufactura.
Al mismo tiempo, señala que China debería aprender de Occidente: reforzar las instituciones, valorar más las libertades individuales y no tratar a la población como material de construcción.
Europa en la dicotomía: regulación frente a dinamismo
Aunque el libro se centra en China y EE. UU., Wang ha desarrollado su visión de Europa en entrevistas posteriores. Su diagnóstico es crítico: sitúa al continente, junto a Japón, en el bloque de las sociedades estructuradas y reguladoras, menos dinámicas y menos propensas a la innovación radical.
En sus palabras, Europa representa una cultura más cuidadosa y normativa, frente a la “cultura del impulso” que caracteriza tanto a Estados Unidos como a China. La consecuencia es clara: la UE regula con intensidad (IA Act, DSA, DMA) pero avanza con lentitud en ejecución industrial y tecnológica.
Sin embargo, dentro de Europa existen matices:
- España, Italia y Francia han mostrado rasgos de estados de ingenieros, gracias a élites políticas con formación técnica y una tradición de grandes obras públicas. Los ejemplos van desde la red española de AVE hasta proyectos de energía nuclear en Francia o infraestructuras hidráulicas en Italia.
- Aun así, estos logros no se traducen en un dinamismo comparable al de China o EE. UU. Europa logra ejecución eficiente, pero no alcanza la escala ni la innovación continua de los modelos más agresivos.
Wang sugiere que, más que imitar a China, Estados Unidos podría aprender de Europa: replicar los niveles de construcción de países como Francia, Japón o España sería ya un avance notable. Esta visión coloca al continente como un modelo intermedio, más civilizado y equilibrado, pero con limitaciones claras en dinamismo y liderazgo tecnológico global.
Implicaciones para España y el sector empresarial
El marco ingenieros vs. abogados es útil para pensar los retos nacionales:
- Infraestructuras y energía: España ha mostrado músculo ingenieril en AVE, renovables y grandes obras civiles.
- Tecnología y digitalización: el país, sin embargo, reproduce a menudo la lentitud regulatoria europea, lo que frena la adopción de nuevas tecnologías.
- Industria y soberanía tecnológica: el debate sobre la autonomía estratégica europea puede beneficiarse de una mirada más pragmática, enfocada en la construcción de capacidades tangibles, no solo en reglas.
Para los directivos y profesionales españoles, Breakneck ofrece una invitación a preguntarse: ¿qué necesitamos más en Europa, ingenieros o abogados?
Breakneck es más que un libro sobre China. Es una reflexión sobre modelos de desarrollo, sobre cómo la velocidad y la ejecución pueden generar riqueza y poder, pero también autoritarismo y desigualdades. Para Europa y España, el desafío consiste en aprender de ambos mundos: aprovechar la disciplina ingenieril sin perder las protecciones institucionales y democráticas.
La pregunta que deja abierta Wang —y que resuena en el debate europeo— es si queremos seguir siendo sociedades de abogados o si necesitamos, al menos en parte, convertirnos en estados de ingenieros.